La resistencia antimicrobiana es uno de los grandes retos actuales en dermatología veterinaria, especialmente en el manejo de piodermias recurrentes y dermatitis complicadas por infecciones bacterianas o proliferación de levaduras. El aumento de cepas multirresistentes, como Staphylococcus pseudintermedius resistente a meticilina (MRSP), ha impulsado la búsqueda de alternativas que permitan reducir el uso de antibióticos sistémicos sin perder eficacia clínica.
En este contexto, los péptidos antimicrobianos (PAMs) han despertado un interés creciente. Se trata de pequeñas moléculas producidas de forma natural por el sistema inmune innato, que combaten bacterias, hongos y células anormales. Además de su efecto antimicrobiano, también participan en la regulación de la inflamación y en el mantenimiento del equilibrio cutáneo.
A diferencia de los antibióticos convencionales, los PAMs actúan dañando la membrana de bacterias y levaduras, dificultando así la aparición de resistencias. Diversos estudios in vitro han demostrado actividad frente a microorganismos relevantes en dermatología veterinaria, incluyendo Staphylococcus pseudintermedius y Malassezia pachydermatis.
Actualmente, su principal interés clínico se centra en el uso tópico como parte de estrategias de uso responsable de antibióticos. El objetivo no es sustituir completamente los tratamientos sistémicos, sino reducir su utilización combinando distintas herramientas terapéuticas, como antisépticos, control de la barrera cutánea y soporte del equilibrio microbiano de la piel.
Este enfoque resulta especialmente útil en pacientes con infecciones recurrentes, tratamientos prolongados o situaciones en las que se busca minimizar la presión antibiótica. Dentro de estas estrategias, productos tópicos formulados con PAMs, como la gama Peptivet®, combinan péptidos antimicrobianos con ingredientes como clorhexidina o Tris-EDTA para favorecer el control microbiológico local y apoyar la recuperación cutánea.
Más allá de su acción antimicrobiana, el interés de los PAMs reside en su capacidad para integrarse dentro de un abordaje dermatológico más amplio, orientado no solo al control de la infección, sino también a la estabilización de la piel y a la reducción de recaídas. Todo apunta a que este tipo de herramientas tendrán un papel cada vez más relevante en el manejo dermatológico y en las estrategias de reducción del uso de antibióticos en clínica veterinaria.